Aproximadamente el 80% de la información que llega a nuestro cerebro es visual. Para tener un correcto aprendizaje es necesario que los dos ojos capten la información de forma adecuada y así el cerebro pueda procesar esta información correctamente.
Según la Organización Mundial de la Salud en el mundo hay 7.5 millones de niños en edad escolar portadores de algún tipo de deficiencia visual y sólo el 25 % presenta síntomas. En muchos casos los niños no presentan o refieren síntomas porque para ellos es “normal ver así” entonces llegan a edades más avanzadas a la consulta. Aquellos niños que sí presentan síntomas que nos pueden hacer sospechar una patología ocular pueden referir:
• Problemas para leer el pizarrón en clase.
• Dificultades para leer.
• Déficit de atención y concentración y/o bajo rendimiento escolar.
• El niño se acerca demasiado al televisor y a los objetos para verlos.
• Desvía un ojo de forma permanente o intermitente.
• Presenta dolores de cabeza recurrentes.
• Entrecierra los ojos para ver mejor.
• Presenta una baja coordinación ojos-mano, por ejemplo, al intentar atrapar una pelota.
Las pesquisas realizadas precozmente nos permiten detectar la patología ocular de manera temprana de forma que los ojos desarrollen todo su potencial con un tratamiento adecuado en tiempo y forma.
Desde que uno nace hasta los 7 años aproximadamente es el período en el que los ojos presentan la mayor plasticidad, están ‘aprendiendo a ver’ por lo que con un diagnóstico y tratamiento oportuno tenemos más chances que el ojo desarrolle todo su potencial. Esto permitiría mejorar el desempeño escolar y la integración social. Dentro de los tratamientos disponibles existen anteojos, parches y ejercicios entre otras opciones.
Entre las patologías oftalmológicas más frecuentes en la infancia, se encuentran los errores de refracción, miopía, hipermetropía y astigmatismo. Básicamente es cuando el ojo ‘no enfoca bien’ con distintos grados de severidad en 1 de cada 5 niños.
Otro problema de salud visual de la niñez que se presenta en el 5% de los casos es el estrabismo, que se produce debido a un control deficiente de los músculos oculares, que generalmente se reconoce porque los dos ojos no se dirigen en la misma dirección.
Por último, otro de los objetivos de los controles precoces es la prevención de la ambliopía, que se conoce también como “ojo vago o perezoso” en el cual el cerebro no puede reconocer la visión de uno de los ojos. Si lo detectamos a edades tempranas las probabilidades de un buen desarrollo visual aumentan exponencialmente.
La Sociedad Argentina de Oftalmología Infantil (SAOI) recomienda los controles al mes, 6 meses, al año, 3 años, 5 años y luego un control anual.