La inteligencia humana ha sido motivo de estudio desde hace más de un siglo por parte de biólogos, científicos y psiquiatras, entre otras disciplinas. Lo novedoso es que hace más de 50 años las ciencias de la computación vienen sumándose a este campo a pasos agigantados. De este modo surge la Inteligencia Artificial que es la simulación de procesos de inteligencia humana a través de sistemas informáticos.
En el año 2022 se genera una verdadera revolución con el surgimiento del ChatGPT4, sistema entrenado para mantener conversaciones con una persona, siendo más creativo y eficiente comparado con las anteriores versiones. Todo esto genera temores, en ocasiones exagerados, por los límites que se podrían sobrepasar. Este representa un tema del que deben ocuparse los gobiernos de los países involucrados en innovación tecnológica.
En el área de la Medicina la Inteligencia Artificial tiene interesantes objetivos. Uno es hacer más accesible la atención sanitaria, lo cual se enlaza al segundo objetivo que es promover la calidad brindada a los pacientes. Por último, la Inteligencia Artificial intenta reducir la variabilidad entre los médicos. Un ejemplo de esto podría ser una aplicación que evalua lesiones de la piel que puede superar a un experimentado dermatólogo y así ayudar a un médico generalista a diagnosticar enfermedades sin necesidad de recurrir a otros colegas, proceso que insumiría un tiempo valioso.
La inteligencia artificial llegó para quedarse y no debe ser vista como una amenaza para el trabajo médico. Por el contrario, podría convertirse en un asistente virtual del profesional, haciendo nuestra labor más sencilla, dinámica y de mayor calidad, disponiendo así de tiempo para una escucha no solo atenta sino también empática. Depende de nosotros, los médicos, asumir la tarea de incorporar este tipo de tecnología que podría ayudarnos a estar más cerca de nuestros pacientes.