Al buscar en el diccionario la palabra gestionar nos encontramos que su significado es el de organizar algo para obtener el mayor rendimiento, pero no sólo en lo económico sino teniendo en cuenta otros aspectos igualmente importantes. En el ámbito de la medicina, para lograrlo son necesarios conocimientos de economía, psicología, sociología, estadística y tecnología. Es decir que gestión es un concepto más complejo de lo que muchos médicos suponen, probablemente por ignorancia, prejuicio o comodidad. Tanto es así que creemos que la gestión es realizada por médicos burócratas que les agrada acumular cientos de papeles sin ningún propósito útil.
Los aspectos de gestión en una institución de salud, históricamente, han sido de poca relevancia en comparación con el pensamiento médico. Sin embargo, a partir de la mitad del siglo pasado, se han ido complejizando las tareas tanto del hospital como del médico, apareciendo diversas especialidades con el consecuente aumento de los costos económicos.
La gestión clínica es un medio de mejoramiento continuo que permite ordenar y sistematizar los procesos de atención médica de forma eficiente, sobre la base de la mejor evidencia científica disponible y actuando dentro de un equipo multidisciplinario. Debemos tener presente que las decisiones clínicas son de calidad si generan eficiencia económica y no un simple control del gasto en salud (1).
Esta estrategia se enmarca dentro de los modelos de “gestión total de calidad”. El objetivo es ofrecer a los pacientes los mejores resultados posibles en la práctica diaria (efectividad), acordes con la información científica disponible que haya demostrado capacidad para cambiar favorablemente el curso de una enfermedad (eficacia), con los menores costos para el paciente y la sociedad en su conjunto (eficiencia). A esto debería sumarse otros atributos: una razonable distribución de las acciones de atención médica (equidad), los deseos y expectativas individuales de las personas (aceptabilidad) y los de la sociedad (legitimidad) (2).
En nuestros días, el médico debe asumir el papel de gestor, lo cual es natural debido a que dispone de recursos puestos a su disposición por el sistema sanitario. Esto, sumado al avance científico-tecnológico y a las exigencias éticas y legales, ha llevado a que la labor del profesional haya sufrido cambios de trascendencia. De esta forma, el antiguo concepto de práctica liberal independiente y autosuficiente ha de ser sustituida por otra actitud profesional cada vez más comprometida. Es así como actualmente el médico tiene la necesidad de integrar un equipo multidisciplinario y de seguir pautas o protocolos de actuación. No menos importante es que ha tenido que aceptar la evaluación del trabajo que realiza cotidianamente con el objetivo de perseguir la excelencia (3).
En mi opinión, la gestión clínica resume en su concepto todo aquello que el médico debe tener en cuenta para una práctica médica acorde con las nuevas exigencias profesionales y con esto lograr integrarse en una auditoria médica sistémica. En este sentido debería ser introducida en la currícula de la facultad de medicina para que el estudiante de pregrado egrese con conocimientos básicos sobre este fascinante tópico.
Referencias
1- Peiró del Llano, J. Diccionario de gestión sanitaria para médicos. Los 100 términos más utilizados. Fundación Casal. Ed. DGNM. Año 2010.
2- Etcheverry, GS. Gestión Clínica: una herramienta para la gestión de la calidad en laboratorios clínicos. Revista del ITAES. Volumen 10 (Nº4).
3- Segovia de Aarana, JM. Prologo del libro “Manual de gestión para jefes de servicios clínicos”. Ed. Diaz de Santos. Año 2000.