La diabetes mellitus es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo. En Argentina, se estima que uno de cada diez adultos mayores de 18 años la padece. Según la Cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), el 10,9% de la población adulta presenta glucemia elevada o diagnóstico de diabetes, y un 40% de los afectados desconocen su condición.
La diabetes no solo impacta el metabolismo de la glucosa, sino que constituye un potente factor de riesgo cardiovascular. Las personas con diabetes tipo 2 integran habitualmente un grupo de alto o muy alto riesgo cardiovascular. La hiperglucemia crónica favorece el daño arterial , la inflamación y la aterosclerosis, afectando vasos de diferentes calibres.
Como consecuencia, aumenta la incidencia de:
-Enfermedad coronaria: obstrucción progresiva de las arterias del corazón.
-Insuficiencia cardíaca: incapacidad del corazón para satisfacer las demandas del organismo.
-Miocardiopatías: alteraciones estructurales del miocardio que comprometen su función.
Dado esto es fundamental implementar estrategias de prevención primaria y secundaria. El abordaje debe ser integral, con control estricto de glucemia, presión arterial y perfil lipídico, acompañado de cambios sostenidos en el estilo de vida: alimentación saludable, ejercicio regular, abandono del tabaco y mantenimiento del peso corporal adecuado.
El control médico periódico es indispensable, así como la derivación oportuna al cardiólogo . La detección precoz de síntomas como falta de aire , hinchazón en las piernas , dolor de pecho o fatiga debe motivar la consulta inmediata.
Avances terapéuticos: impacto en el riesgo cardiovascular
En los últimos años, se ha producido un cambio paradigmático en el tratamiento farmacológico de la diabetes tipo 2, gracias a los resultados de grandes ensayos clínicos cardiovasculares. Dos grupos de fármacos han demostrado beneficios más allá del control glucémico:
Análogos del GLP-1(liraglutide /semaglutide): además de reducir la glucosa, promueven la pérdida de peso, mejoran la presión arterial y han demostrado disminuir eventos cardiovasculares mayores en pacientes con enfermedad cardiovascular establecida o con alto riesgo.
SGLT2(dapaglifozina y empaglifozina ): además de su efecto para mejorar la glucemia , tienen un impacto notable en la reducción de hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca y progresión de enfermedad renal crónica.
Estas drogas han pasado a ocupar un rol central en las guías internacionales para el manejo del paciente con diabetes tipo 2 y riesgo cardiovascular, incluso como terapias de primera línea en algunos escenarios.
Conclusión
La relación entre diabetes y enfermedad cardiovascular es innegable. Sin embargo, hoy contamos con herramientas efectivas para reducir ese riesgo. La clave está en la detección temprana, el control integral y el acceso a tratamientos basados en la mejor evidencia disponible. La educación continua y el acompañamiento médico son esenciales para lograrlo.