El Dr. Jorge Echeverría egresó de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario en el año 1955 e hizo su residencia de médico en el Hospital Carrasco de esa ciudad. Al retornar a San Nicolás comenzó con su fructífera tarea asistencial, compartiendo su consultorio durante 50 años con su colega y neumonólogo Eduardo
Gómez.

Fue hijo y nieto de médicos, siendo el abuelo, Isidoro Echeverría, Director del Hospital San Felipe y su padre, Lorenzo Echeverría, médico cirujano del hospital en el
que existe una sala que lleva su nombre.

Entre sus numerosas actividades podemos nombrar:

  • Investigador del primer laboratorio de Medicina Preventiva en el ámbito de la Salud Pública, siendo un investigador de la Fiebre Reumática.
  • Creó en el ámbito privado la primera Sala de Terapia Intensiva de la ciudad, en la Clínica San Nicolás y la primera Sala de Unidad Coronaria en la misma institución. Allí mismo se colocó una placa recordatoria el 12 de octubre de 2007: “En reconocimiento a su paso por esta institución y al trabajo realizado para la comunidad desde el desarrollo de la Cardiología “.
  • Fue Miembro de la Sociedad de Cardiología del Norte de la Provincia de Buenos Aires y en el año 2008 se le entregó a mi familia una placa:”A quien durante toda su vida profesional contribuyó al desarrollo de la Cardiología en San Nicolás y norte de la provincia”.
  • Fue Presidente del Círculo Médico durante dos períodos (1959 a 1961) y Director de la Clínica San Nicolás.
  • Realizó durante varios años docencia y presentación de casos a alumnos de San Nicolás de los últimos años de la carrera de Medicina.
  • Publicó artículos de su autoría sobre Cardiología Preventiva en el Diario El Norte, los domingos durante varios años (luego los mismos se recopilaron y se armó un libro que fue presentado en la Feria del Libro).
  • Fue Presidente del Club de Leones (familiares recibieron el Premio Post Morten “ León de Oro “ en el año 2007).
  • Fue un investigador del Stress en Cardiología conformando un equipo interdisciplinario
  • Fue asesor ad honorem del Hospital San Felipe en la última etapa profesional.

Lo recuerdo estudiando los domingos a la tarde al lado de una pila de libros, siempre al pie del cañón, salía de casa y daba vuelta la esquina de Nación y Chacabuco a la misma hora, 15.30, sea invierno o verano, con sol o lluvia, con estricta puntualidad en la atención de sus pacientes y dedicando un tiempo de media hora por cada turno. Así resaltaba la importancia del tiempo de escucha y del interrogatorio como pilar de una buena historia clínica. Era conocido por la obsesividad y como tal, a veces algo autoritario con sus pacientes aunque irreductible en sus principios.

En el año 2005, con motivo de cumplir 50 años de médico se realizó un acto en la Asociación Médica de Rosario y éstas fueron sus palabras luego de recibir una placa:
“En este homenaje está la vida y el espíritu del médico, el gran protagonista del drama de la enfermedad y la muerte. Mi profesión fue la más alta, la más noble, la
más hermosa de todas: así la disfruté.

Recibo este homenaje en un recodo del camino, estoy sereno, tranquilo, pero no conforme, han sido muchos años de un buen médico con errores: ético al extremo
con colegas y pacientes, ejercí la cardiología como un difícil arte y humilde oficio, ayudé a muchos, fui un cardiólogo artesano que ejecutó la cardiología científica al
día, actué en planos gremiales, traté de mejorar el medio, para sentirme más cómodo, no me guardé nada, cumplí más allá del deber. Soy intolerante con la
ingratitud.

Mis profesores, mis maestros, fueron guías cotidianos, recuerdo sus enseñanzas, sus modos, su vestir con una claridad total: forjaron mis sueños.
A mis compañeros los tengo en igual forma registrados como los conocí y así quiero seguir recordándolos.
Mi familia me respaldó para que yo pudiese ser como quería. A Kikí estos cincuenta años le deben haber pesado mucho, quizás demasiado. Nunca tuve la
valentía de agradecerle todo lo que viví y aprendí a su lado, ahora me animo y lo hago.

A mis hijas, nietos y nietas que tengan un futuro lindo, gracias por el entorno que me dan. Perdón por el exceso, he hablado quizás mucho de mí… “todavía sueño, no
quiero empezar a morir “…

Falleció en agosto de 2007, esa mañana había ido al Hospital, como solía hacerlo en su última etapa de “jubilado” y como bien dijo unos de sus colegas… ”Murió con las botas puestas“.

Sra. Mariel Echeverría

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